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Alessandra Martínez: la lectora híbrida; leer entre lo íntimo y lo práctico

Alessandra Martínez, 21 años, estudiante de comunicación. 

El viaje de la lectura de Alessandra comienza con el recuerdo de la cajuela del carro de su abuelo, repleta de libros y con los libreros de su tía Viry, lo que nos muestra que la familia de Ale fue un punto clave para que, desde entonces, la lectura fuera una actividad que más allá de entretenerla, transformó la manera en la que experimenta las historias.

Al hablar de formatos de lectura, un regalo hecho por su papá cuando ella iba en sexto de primaria marcó su experiencia lectora: el Kindle. Leer en físico para Ale implica prácticas sensoriales muy específicas, como oler el libro, elegir separadores que combinen con la portada y usar post-its. En cambio, en lo digital suele utilizar herramientas como el subrayado y el diccionario, especialmente cuando lee en inglés.

Cuando está en casa, se inclina por el libro físico; mientras que el Kindle aparece en contextos de movilidad, como viajes o traslados, donde la practicidad se vuelve clave.

Fotografía cortesía por Alessandra Martínez

En cuanto a lo que lee Alessandra, sus géneros favoritos son el romance, la ficción, los clásicos y la literatura rusa. Esto no es casualidad. Ale hace una distinción muy clara entre lo que lee en cada formato: “las novelas de BookTok las leo en la Kindle… pero otros libros sí los quiero tener en físico”, evidenciando cómo adapta sus lecturas según el tipo de experiencia que busca.

Lo que hace interesante su forma de leer es justamente esta lógica de separación. Para Alessandra, no todos los libros se leen de la misma manera ni en el mismo formato. Hay lecturas que se viven con más calma, más ritual y más presencia, y otras que cumplen una función más ligera o inmediata. Esta división no le resta valor a ninguna, sino que le permite adaptar su experiencia lectora según lo que necesita en ese momento.

Kindle de Ale
Fotografía propia

Aunque reconoce que el Kindle le ha facilitado mucho el acceso a libros y le permite leer más en su día a día, su vínculo más fuerte sigue estando en el libro físico. No solo por la experiencia sensorial, sino porque ahí es donde construye memoria: subrayados, separadores y marcas que le permiten regresar a versiones pasadas de sí misma como lectora. Como ella misma lo describe, “luego vuelvo a leer libros y digo ‘qué subrayaba la niña de 12 años’”, mostrando cómo la lectura también funciona como un registro de su propia historia.

En el caso de Alessandra, leer no es solo una actividad, sino una experiencia que se transforma según el formato, el momento y la intención. Es una práctica híbrida, donde lo físico y lo digital no compiten, sino que se complementan para darle distintos sentidos a la lectura. Más allá del soporte, lo que permanece es el acto mismo de leer: “no diría que es el libro físico… el acto de leer es lo que me desconecta”.

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